julio 31, 2010

Desvarío cotidiano

Vaso número 3 y primera confesión: de la cartera sale la foto de la actriz de cine que ha recorrido las pupilas de más hombres mexicanos en la segunda mitad del siglo XX. Al calor del changuirito el 'maic' le confiesa a su compadre lo que su abuelo alguna vez le enseñó: "mijo, si quiere usté ser alguien en esta vida, siempre espere lo mejor, pero prepárese para lo pior"; acto seguido confiesa su amor a la fotografiada dándole un beso. Después de tantos años le hace caso a su viejo: espera conocerla, platicarle y conquistarla, pero se prepara para repetir esta noche hasta la tumba.


Vaso número 8 y segunda confesión: Maic maldice desesperado, ¡esa mujer, tan cerca de mis ojos y tan lejos de mi vida! Pero ya lo verá compadre -sigue-, el día llegará en que estas cosas que me imagino pasen deveritas; ya no tendré que saborearla sólo con la mirada y ella verá de frente la cara de idiota que pongo cuando sonrío pensándola, bailando al ritmo de la vida (silencio que huele a amor frustrado).


Vaso número 11 y egocentrismo: El compadre pregunta, ¿y si estuviera con ella, qué le diría? A pues le hablaría bonito, como les gusta a las mujeres, algo así como que es una mujer encantadora como muchas, hermosa como pocas y alegre como ninguna. ¡Qué importa que no sea así, porque yo me la imagino de ese modo y eso cuenta, y mucho! ¿Acaso el mundo no es lo que yo percibo?


Vaso número 12 y resignación: nuestro héroe acepta con melancolía: sabe qué compadre, ya casi me acostumbro a verla sin que se aparezca, ¡tanto! que hasta tengo miedo que el día que la vea merito enfrente ya no me sepa igual que cuando la imagino, que se transforme en otra persona. Las últimas gotas del vaso las absorbe con lágrimas que escurrieron: combinación perfecta para soñar con ella.


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